Es una tradición, una costumbre, una institución social. Están abiertos todo el día y uno no puede pasar por uno de ellos y no probar una cerveza. Son una mezcla perfecta entre un ambiente pintoresco, música en vivo y la simpatía de la gente que no puede ser más amigable.
Imagen i-Italy
Una visita a Irlanda no está completa si uno no pasa un rato en un bar. Y allí no puede evitarse probar una verdadera Guinness, la cerveza nacional.
Mi estadía en Irlanda me encuentra en una de las partes más remotas del país, una zona de increíble belleza. En esta pequeña ciudad donde me encuentro hay 1.200 habitantes y unos 20 bares. Y eso que dicen que hace unos años había, por lo menos, el doble.
A cualquier hora del día y hasta medianoche uno puede ir al bar y encontrar allí la “fauna” local. Hombres y mujeres de todas las edades se juntan allí para pasar el tiempo, discutir y compartir una cerveza. Allí hay que ir cuando se quiere conocer gente o hacer sociales.
