Hace meses que repito esta frase (Home is whereever I am). Es que al viajar uno conoce gente, mucha gente en aventuras más extrañas y exóticas (dando la vuelta al mundo a pie por 5 años o recorriendo el Sudeste Asiático en bicicleta, son algunas de esas aventuras que me maravillan), también uno conoce mucha gente “normal” y la pregunta es parte del ritual de introducción que se repite una y otra vez.
So… where is home?
Las primeras veces que me hicieron esta pregunta respondí como en chiste, Home is where I am, para encontrarme simplemente con la mirada interrogante o enjuiciadora de quienes simplemente me preguntaban de dónde venía.
Pero la pregunta da a diversas interpretaciones, pues me siento ridícula diciendo que “home” es Argentina. Es que hace más de 3 años que partí de Buenos Aires. Y sí, allí están mi familia y amigos, pero quizás es que yo no he comprendido muy bien cual es la definición de “hogar”, pero eso no es suficiente.
También me pregunto cómo uno puede mantener su hogar tan lejos y vivir a la distancia. Supongo que el hecho de que nunca lo he sentido así me ha ayudado a sobrevivir a la lejanía sin morir de nostalgia ¿no?
Me gusta pensar que algunas almas en este mundo somos como caracoles y cargamos nuestros hogares por los rincones del mundo que visitamos. No es una cuestión material de cargarse con el sofá favorito y la tele, sino una opción consciente y una aceptación de nuestra libertad.
