Hacia el siglo VIII se expandió la leyenda de que los restos del mártir Santiago el Mayor estaban enterrados en algún lugar en el norte de España y Compostela se convirtió en un importante centro de peregrinaje, especialmente luego del descubrimiento, en 813, de las reliquias del santo. En el siglo XII, se vuelve famoso el Camino que aún hoy es recorrido por miles de fieles o aventureros. El establecimiento de una red monacal fortaleció a la estructura del Camino y permitió consolidar la presencia cristiana en un contexto peninsular donde aún había gran influencia musulmana.

“El Camino Francés” es lo que hoy conocemos como Camino por antonomasia, es sólo una parte del peregrinaje, aquella que recorre aproximadamente 800km de fantásticos paisajes por el territorio español. Pero dentro de España también hay varias rutas desde diferentes puntos del país, pero la más conocida es la que comienza en los Pirineos y cruza el norte de España hasta Compostela.
El camino Jacobeo fue el motor que colaboró e impulsó al desarrollo económico, artístico, cultural y social de los pueblos que cruza en su trazado. Los peregrinos descubrirán felices que existe una cultura del Camino: una generalizada generosidad y profundo respeto por los caminantes que hacen cada uno su propia ruta (religiosa quizá, pero también quienes entienden al Camino como un desafío personal, unas vacaciones aventureras o una oportunidad de hacer ejercicio).

Santiago de Compostela, como los peregrinos comenzaron a llamar a la ciudad donde supuestamente se descubrieron los resto de Santiago, se convirtió, junto con Roma y con Jerusalén, en uno de los ejes del cristianismo en occidente. El Camino tuvo un período de decadencia cuando el afluente de caminantes descendió notablemente después de 1378, en un contexto de crisis del cristianismo.
Quien se enfrente al desafío de dejar sus huellas en el Camino debe prepararse tanto físicamente (aunque esto no quiere decir que haya gente que no pueda hacerlo, al contrario, cada uno tiene que establecer su propio ritmo) como espiritualmente. En muchos casos las pruebas serán duras, el clima no nos acompañará y las ampollas nos recordarán lo corto de cada uno de nuestros pasos. Pero hay algo que borra todo el cansancio de la larga caminata y todos los peregrinos coinciden en este punto: el sentimiento al llegar a Santiago es indescriptible.

Via l Locuraviajes
