Hace unas horas me bajé de un avión de Ryanair, nuevamente elegí esta opción por una cuestión primero económica, luego de tiempos y finalmente económica (y si, ese es un factor fundamental). Pero me empiezo a preguntar seriamente, y por primera vez, si vale la pena. La compañía perdió de vista el concepto de comodidad del viajero por un impulso marketinero de necesidad de aumentar la recaudación.

Imagen boeing
Mi queja se debe especialmente a que las restricciones y condiciones que parecen reproducirse día a día y que inundan nuestras casillas de mail, no tienen como fin dar más seguridad al viajero ni otorgarle más confort. Ok, es un vuelo barato, baratísimo. Pero me pregunto si los contras no empiezan a cobrarse clientes…
Personalmente siempre he defendido Ryanair y los vuelos low cost en general. La opción de viajar a precios accesibles para todos me parece una magnífica oportunidad para que, incluso aquellos que no lo veían posible, tengan la oportunidad de descubrir este mundo. Pero que queramos viajar no quiere decir que tengamos que viajar en condiciones tan incómodas.
Para empezar me gusta comprar mis billetes por internet, el sistema es fiable (hay que destacar lo bueno no?). Pero unos días después me llega un mail diciendo que tengo que imprimir mi boarding pass porque sino me cobrarán 40 euros por imprimirla (vamos! Muchachos… el que se olvidó o no pudo imprimirla tiene que pagar más de lo que pagó por el billete?). Bueno, me tomé el trabajo de ir a un cyber e imprimir mi pase (1,10 euros).
Mi vuelo partía de París a las 9.10 de la mañana (25 euros). Lindo horario uno diría si el aeropuerto no estuviera a 1.20 horas de la ciudad. Pero eso ya lo sabía, no me puedo hacer la sorprendida. Entonces me levanto a las 5 de la mañana, tomo un metro (1,60 euros) hago combinación, se para, llego tarde, pero es el primer metro, llego, compro mi boleto (13 euros) y monto al bus sabiendo que por todo el tiempo que dure el camino al aeropuerto voy a torturarme por haber dejado mi maleta de mano, que es bastante voluminosa, en la gaveta, y que allí esté mi ordenador. 1 hora y media de rezos después encuentro mi valija en orden y me dirijo al mostrador de check in con mi maletita, mi mochila (Sí! La mochila viajera!) y una pequeña carterita. Ojo, me tengo que hacer responsable de que si bien pase 5 horas el día anterior sacando y sacando cosas, todo pesaba demasiado para los estándares de Ryanair: 15 kilos el bolso despachado y hasta 10 kilos el de mano, siendo indispensable y aparentemente una obligación moral de los empleados torturarte para que todo entre en un único bolso. Políticas de la empresa, pero… ¡vamos!
Mi mejor sonrisa tuvo efectos limitados y me tuve que dirigir a otros mostrador a pagar un kilito de exceso (15 euros). Y encima, como para terminar de molestarme, resulta que sólo se puede pagar con tarjeta de crédito (dentro de poco estos papelitos de colores no van a servir para nada). Mi mente confabula para enojarme y le explico insistentemente que todo lo que llevo lo voy a usar.
Ahora, llego a la puerta de seguridad y una señorita me indica que tengo que meter mi cartera (donde tengo billetera, documentos, etc) en mi maleta de mano. Y entonces me escondo un poco, la abro y meto, haciendo presión, casi todo. Me sobra la cámara de fotos, la escondo en la campera. A todo esto 5 metros después de que esta señorita compruebe que todo se aplastó y entró en mi valija, tendré que volver a abrirla para sacar la notebook y pasarla por el control de seguridad. Intento no desesperar, 4 despegues en 3 días comienzan a sentirse en los hombros, aunque quizá son las 3 horas de sueño… Como sea, me acerco a la señorita, mi carta de identidad… ehhhhhh… En mi bolso de mano que acabo de cerrar… al piso, abrirlo, carta, cerrarlo y allí empieza el desastre. Pero reine la paciencia.
En 3 segundos me encuentro en el control y abro por última vez mi pobre maleta (RIP). Saco la notebook, paso hasta las pulseras, feliz de que esta vez no me pidieran el corpiño… Y entonces noto que el cierre de mi maleta no andaba y no volvería a andar. Ok, no me preocupa mucho (había puesto allí una mochila), pero no da cargar una maleta de la que saltan las cosas… ¿Qué hago? Vamos a preguntar a los que trabajan allí ¿no? No tienen nada, no saben nada. Pobres pibes pienso.
Free shop, ya a esta altura y con la congestión y la voz nasal que me sale, mi francés es perfecto, el chico es simpático, una cinta amarilla cruza mi valija de acá para allá, encima está llena, ¡va a explotar! Subimos al avión… No entra abajo del asiento, me pregunto entonces para qué ponen medidas mínimas si no hacen las cosas acorde.
Yo llego, la mochila llega, pero la experiencia casi me hace reir. Vamos, la azafata tiene que vender billetes para raspar mientras dura el vuelo… ¿Qué más se les va a ocurrir para lucrar? Pronto se habla de que van a cobrar para ir al baño. Suerte que el vuelo dura 1 hora y media, sino me sentiría en un film bizarro.
Señores de Ryanair, recuerden un poco al cliente, que, poco o mucho, está pagando por un servicio. Honestamente la próxima pagaré un poco más el billete y me ahorro la incomodidad, el aeropuerto lejísimos de todo, el espacio del avión, el trato de los empleados y las restricciones que empiezan a ser agobiantes. Todas esas condiciones que ponen van a terminar cansando a los clientes… y aparte, si hago una cuenta de lo que sale el viajar de esta forma, contando transportes y extras… 25+15+1,10+1,60+13+6= 61,70 euros. Ok, aún barato pero ya no tanto considerando lo agotada que estoy ahora.